ENCUENTROS DE PREPARACIÓN AL SACRAMENTO DEL MATRIMONIO
AÑO 2008
MALAGUEÑO |
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Pquia. Nuestra Señora de Nieva * |
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Intendente Bogacki s/n – Malagueño |
A Consultar |
A Consultar |
Te.: 4981155 Inscripción: Anticipada |
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VILLA CARLOS PAZ |
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Pquia. Nuestra Señora del Carmen |
Domingos |
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Caseros 20 - Va. Carlos Paz |
03 de febrero |
9 a 18 Hs |
Te.: (03541) 423797 Inscripción: Anticipada |
02 de agosto |
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Pquia. San José |
Domingos |
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Santa Fé 1762 - Bº La Vertiente |
10 de mayo |
9 a 18 Hs |
Te.: (03541) 422591 Inscripción: Anticipada |
04 de octubre |
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Pquia. Niño Dios |
Domingos |
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Asunción s/n - Bº La Quinta |
08 de marzo |
9 a 18 Hs |
Te.: (03541) 422002 Inscripción: Anticipada |
08 de noviembre |
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Pquia. María Madre de la Iglesia |
Domingos |
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Icho Cruz 03541 - 495746 |
19 de abril |
A Consultar |
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06 de diciembre |
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Encuentros Pre-matrimonial
“…somos ante todos compañeros en este duro camino hacia la eternidad y los compañeros, los buenos compañeros son incondicionales, dispuestos a dar el alma como maderos en el momento del naufragio.
Yo te amo porque tus brazos son maderos que me rescatan de las oscuras profundidades de las tristezas, tu pecho el lecho que me cobija de los fríos inviernos de la vida y tu mirada la verdad que necesito…”

El grupo está integrado por matrimonios
de nuestra comunidad que buscan
compartir sus experiencias para
reflexionar sobre la vida matrimonial
cristiana.
Nos reunimos dos veces al año, en Mayo y
Octubre. El tercer domingo de esos meses
de 15 a 20 hs.
El cursillo está destinado a aquellas
parejas de novios que han decidido
recibir el Sacramento del Matrimonio y
así formar una familia con Jesús siendo
parte de ella.
El príncipe y el espejo
Era muy rico. Y sin embargo comenzó a sentirse triste. Al principio pareció que se trataba simplemente de aburrimiento. Pero poco a poco la tristeza comenzó a tomar su verdadera cara: la soledad. O peor dicho: el aislamiento.
Sí. Se sentía acorralado. Aislado y muy solo. A nada le encontraba gusto. El principito recién asomaba a la vida, y la vida ya comenzaba a no tener sabor para él. Y no era por falta de condimentos. Porque su padre el Rey trataba de darle todos los gustos. Le había llenado su habitación con toda clase de juguetes raros y costosísimos. Las mejores comidas y golosinas eran para él. Hasta tenía su mesa para hacer los deberes, cubierta de una fina lámina de plata pulida y brillante.
Le habían asignado la mejor sala del palacio, con una gran ventana que daba sobre la plaza del pueblo. Para que gozara del sol y estuviera protegido del frío, habían puesto en la ventana el mejor cristal que se había conseguido en todo el reino. Ni siquiera una falla se hubiera podido encontrar en aquel gran vidrio que permitía ver todo lo que pasaban en la plaza.
Y sin embargo el principito empeoraba día a día. Se sentía siempre peor. Cada vez más triste, más solo y aislado, sin gusto para nada, pensando nada más que en sí mismo y en todo lo que le traían para entretenerlo. Fueron consultados los mejores médicos y sabios del país para que le encontraran cura. Pero nada habían conseguido. Nadie acertaba con la causa de la extraña enfermedad. La cosa parecía no tener remedio.
Hasta que al fin decidieron consultar a un sabio y viejo ermitaño que vivía solo en la montaña. Quizá él pudiera comprender este extraño mal de la soledad del principito. Era tan pobre el ermitaño, que tuvieron que prestarle un manto para que pudiera venir al palacio.
Después de saludar al Rey, pidió poder quedarse solo con el principito en la pieza de la gran ventana de cristal. Entonces lo invitó al joven a que se acercara y mirara hacia fuera a través del límpido vidrio. Así lo hicieron los dos, y el ermitaño le preguntó al principito:
¿Qué ves?
Veo a mi pueblo.- respondió el joven – Veo la gente que va y viene, corre y ríe, llora y canta, trabaja y descansa.
Entonces el ermitaño sin decir nada, tomó la fina lámpara de plata que cubría la mesa, y la colocó detrás del cristal de la ventada, que quedó así convertida en un espejo. Y volvió a preguntarle:
¿Qué ves?
Ahora no veo más a mi pueblo.- contestó el principito- ahora me veo solo a mí mismo, y que tengo la cara muy triste.
Has visto- le dijo el ermitaño- Cuando la plata se interpone entre vos y tu pueblo, entonces hasta el más límpido cristal queda convertido en espejo, y ya no podés ver a nadie más que a vos mismo. Comparte tu plata y no la tengas inútilmente en tu mesa. Entonces volverás a sentirte unido a los demás, y descubrirás que sos feliz, como cuando eras niño.
Autor: Mamerto Menapace
Para meditar:
Aprender a valorar lo que poseemos debe ser un objetivo diario de cada uno. Con esto me refiero a descubrir en los que nos rodean verdaderos tesoros, encontrar en ellos la riqueza más grande de todas: el amor. El amor nos permite sobrellevar cualquier momento y situación que Dios nos ponga como prueba para poder enfrentarlo y superarlo satisfactoriamente. Tenemos que aprender a no desear continuamente lo que uno no posee; el conseguir las cosas con esfuerzo es lo que nos hace apreciarlas y aprovecharlas sabiamente. La felicidad no está en el sueldo que uno recibe mensualmente, sino en las personas que nos rodean y acompañan en el camino que a cada uno le toca vivir.
Por Consultas, llamar a la Secretaria Parroquial.
Familia KERN.
Familia PITTUELLI.