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P A R A
R E F L E X I O N A R
“El trabajo es uno de estos aspectos, perenne y fundamental, siempre
actual y que exige constantemente una renovada atención y un
decidido testimonio. Porque surgen siempre nuevos interrogantes y
problemas, nacen siempre nuevas esperanzas, pero nacen también
temores y amenazas relacionadas con esta dimensión fundamental de la
existencia humana, de la que la vida del hombre está hecha cada día,
de la que deriva la propia dignidad específica y en la que a la vez
está contenida la medida incesante de la fatiga humana, del
sufrimiento y también del daño y de la injusticia que invaden
profundamente la vida social dentro de cada Nación y a escala
internacional. Si bien es verdad que el hombre se nutre con el pan
del trabajo de sus manos, es decir, no sólo de ese pan de cada día
que mantiene vivo su cuerpo, sino también del pan de la ciencia y
del progreso, de la civilización y de la cultura, entonces es
también verdad perenne que él se nutre de ese pan con el sudor de
su frente; o sea no sólo con el esfuerzo y la fatiga personales,
sino también en medio de tantas tensiones, conflictos y crisis que,
en relación con la realidad del trabajo, trastocan la vida de cada
sociedad y aun de toda la humanidad.
La Iglesia considera deber suyo recordar siempre la dignidad y los
derechos de los hombres del trabajo, denunciar las situaciones en
las que se violan dichos derechos, y contribuir a orientar estos
cambios para que se realice un auténtico progreso del hombre y de la
sociedad.”
(Laborem exercens Introducción) |